Experiencia ONCE

Clowns en la oscuridad que brillan con luz propia

 

Hemos tenido la increíble oportunidad de compartir un curso de clown con el grupo de teatro Sa Boira de la ONCE de Palma de Mallorca. Nos sentimos afortunadas, así que hemos querido compartir nuestra experiencia.

 

Cuando a Sonia Campos Magallanes le hacen una propuesta, por difícil o atrevida que pueda parecer al principio, siempre dice que si, pues sabe que ese SI ya empieza a crear el cómo.

Y es que un clown afronta cada reto con entusiasmo, viviendo cada aventura sabiendo que es una oportunidad para aprender.

El clown siempre dice que sí a cualquier propuesta porque se cree capaz de afrontarlo. El clown tiene una actitud valiente, asume riesgos, se mueve desde lo seguro a lo desconocido y diferente. Es un enamorado de la vida.

Así que nos reunimos el equipo, Sonia, Gala Llobet y Elisabeth Latorre, y nos pusimos manos a la obra.

 

Teníamos a un grupo exigente, con una idea muy clara de lo que querían: expresión corporal, expresión de voz, improvisación y clown. O al menos lo tenía claro Mariola, que fue quién lo propuso. Así que decidimos hacerles un curso a medida, creado desde 0 especialmente para ellos.

Para nosotras tres era la primera vez que íbamos a hacer un curso con personas invidentes, total o parcialmente. Y quizá eso fue una de las cosas que más nos ayudó. No teníamos ninguna idea preconcebida, ningún prejuicio o creencia. Sólo la intención de ver sus posibilidades y no sus límites. Y sobretodo, que pasaran un fin de semana divertido.

Nuestra amiga María Domínguez, maestra en La Medicina del Alma, nos dijo: lo vais a hacer estupendamente, porque no os paráis a pensar en lo que no van a poder hacer, sino en cómo sí lo pueden hacer.

Y aún así, aún nos sorprendimos en el curso de lo que eran capaces.

De hecho, una de las cosas que más les gustó es sentir que no les poníamos límites, esto les permitía darse cuenta de los límites que ellos mismos se ponían, e ir soltándolos poco a poco.

 

Elaborando el guión del fin de semana, probábamos cada ejercicio que proponíamos, poniendo en práctica cada juego, cada visualización, improvisación… y lo hacíamos con antifaz… para sentir y vivirlo igual que lo iban a vivir ellos, o eso  imaginábamos.

Entonces nos dimos cuenta de nuestros propios límites al poder ver. Dependíamos tanto de los ojos que no habíamos desarrollado tanto otros sentidos como el tacto, el oído o el espacio… al entrar en su mundo éramos nosotras las “discapacitadas”… y al mismo tiempo, cuánto más practicábamos, más se despertaban

todos nuestros sentidos.

Toda discapacidad o minusvalía en un ámbito, implica una mayor capacidad y valía en otros.

Todos estamos dotados en algún campo, lo que a veces no lo sabemos y no lo desarrollamos.

 

Cuánto más avanzábamos en la preparación del curso, más conscientes éramos de todo lo que estábamos aprendiendo nosotras. En La Medicina del Alma decimos que es el paciente el que viene a curar al médico, y en todos los cursos hemos podido comprobar cómo nos enseña más el grupo a nosotras que nosotras al grupo.

 

Unas semanas antes hablamos con los que llevan la casa donde nos íbamos a alojar durante el curso, que ya habían conocido al grupo tres años atrás, y estaban encantados de que volvieran. Nos contaron como anécdota lo sorprendidos que habían quedado la vez anterior ya que habían sido el grupo que mejor había reciclado.

Seguramente eran los que habían prestado más atención.

Y nosotras mismas nos dimos cuenta que era el grupo más autónomo con el que habíamos hecho un curso.

 

En el curso, no intentamos disimular nuestra  falta de experiencia, aceptamos lo que no sabíamos, y fue maravilloso cómo nos enseñaban: hay que decir izquierda o derecha, tienes que hablarle para que sepa dónde estas, etc. etc.

Aprendimos que cuando apoyan su mano en tu hombro para que los guíes, pueden notar por tus movimientos cómo es el terreno, si hay un escalón, etc.

Dicen que un terapeuta cuanto más estúpido mejor, pues es cuando más aprende de las personas que tiene delante. Y el clown te enseña a aceptar y enriquecerte de tu propia estupidez.

 

Empezamos el curso con expresión corporal y expresión de voz, para que poco a poco, al ritmo de músicas que te inspiren y te animan, fueran dejando a un lado sus condicionamientos y creencias. Poco a poco se iban volviendo más livianos, más sueltos, con mayor fluidez, con más luz en sus rostros.

Al mediodía apenas quedaban atisbos de sus límites.

 

Empezamos la tarde con juegos para recuperar nuestro entusiasmo, inocencia, nuestro niño interior. Y seguimos con los juegos imaginativos, llevándolos al mundo del imaginario clown, donde todo es posible, absurdo, apasionante.

 

El imaginario del clown es un mundo mágico, donde no hay límites y está lleno de posibilidades.

El Clown se arriesga a vivir, emocional y físicamente, lo que imagina, lo que le lleva a experimentar aventura tras aventura… que le va transportando a distintas realidades. Esta es su manera de moverse por la vida. Es un inventor natural, un explorador, un investigador apasionado porque nada lo vive por debajo del 100% de intensidad.

 

 

 

Y aventura tras aventura nos sumergimos en las aguas de las emociones, la base de datos del clown, especialmente las que sentimos más sinceramente, vividas sin tapujos ni barreras, desde la autenticidad y la pasión.

El Clown encuentra en la emoción la fuente para armonizarse con el mundo, la habita, se recrea en ella y la acepta. Es auténtico y positivo.

 

Y una vez llenos y ricos de todas nuestras más intensas emociones: la curiosidad, la tristeza, el enamoramiento, el fracaso, la alegría, el enfado, la pasión… vivimos nuestro nacimiento clown.

 

El nacimiento clown es un momento muy especial, emotivo y sensitivo en la vida de una persona. Es un renacer libre y auténtico. Valiente explorador de todas tus posibilidades.

 

Cuando contactas con tu clown, abierto, emocional, presente, sin miedo… llega el momento de vivir la acción. La entrega al público de la manera más generosa que nunca haya conocido, compartiendo el 100% de lo que uno está viviendo, con absoluta intensidad, del fracaso al éxito de un segundo al otro.

 

Y entonces te das cuenta que cuando aceptas tu vulnerabilidad y tu fracaso de manera franca y abierta, y lo muestras sin tapujos, nace en ti una autenticidad que emociona y provoca una risa igual de auténtica y vital en aquéllos que te miran y te sienten.

 

Algunos podréis pensar, al leer esto, en cómo percibían los que no veían la emoción del clown cuando no hay palabras que describen. Pues pudimos comprobar cómo se puede captar, intuir y sentir la emoción más allá de lo visible, audible o palpable.

 

Pues la comunicación, cuando es sincera y auténtica, es mucho más profunda, porque en realidad es interior, pues uno no escucha algo que está fuera, sino que escucha dentro la vibración que produce dentro de ti.

 

Nuestra gratitud al grupo Sa Boira por su entrega apasionada.

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